
sábado, 10 de marzo de 2012
Video reflexión del domingo 11 de marzo de 2012

viernes, 2 de marzo de 2012
Video reflexión del domingo 04 de marzo de 2012
Meditación del domingo 04 de marzo de 2012

II Domingo de Cuaresma
Encontrar a Dios en sus gestos de salvación
El Domingo pasado el libro del Génesis nos presentaba la Alianza de Dios con Noé. Hoy la liturgia nos ofrece en este trozo de la Biblia un fragmento en el que aparece Abraham a quién el Señor le había prometido una descendencia numerosa como las estrellas del cielo o las arenas del mar. En un primer momento encontramos que Abraham está convencido que Dios le pide en sacrificio a su hijo Isaac:¡Y el patriarca casi lo sacrifica! En un segundo momento el ángel del Señor evita que Isaac muera a manos de su padre.¿Estamos ante un capricho de Dios? ¡De ninguna manera! El autor del libro quiere resaltar la fe de Abraham y por otro lado enseñarnos que Dios no se goza en los sacrificios humanos sino en la obediencia a su voluntad.
En el Salmo 115 encontramos la oración de gratitud de alguien que ha tenido la experiencia de saberse casi perdido. Pero que, por otra parte, ha vivido en carne propia la salvación que viene de Dios que nunca abandona a los que Él ama. Por esta razón se alaba, de modo agradecido, al Señor que salva.
Hoy la liturgia nos presenta un pequeño pasaje del capítulo 8 de la Carta a los Romanos. En estos pocos versículos tenemos que suponer algo de lo que Pablo ha dicho, anteriormente, en este mismo capítulo. Primero: que el cristiano que elige las cosas del Espíritu tiene vida. Segundo que el que ama a Cristo vive de acuerdo a Él. Tercero que aquel que se deja guiar por el Espíritu: es hijo de Dios y lo reconoce como Padre. Teniendo en cuenta lo anterior, encuentran sentido de esperanza las preguntas que Pablo hace su carta: ¿Hay algo que pueda estar contra nosotros si Dios está de nuestra parte? ¡Nada ni nadie! ¿Cristo nos condenará? ¡Ciertamente que no: pues ha dado la vida por nosotros!
El Papa habla sobre el sentido de la Cuaresma (versión pastoral)
Para nuestra formación
¡Queridos hermanos y hermanas!
En este primer domingo de Cuaresma, encontramos a Jesús que, después de haber recibido el bautismo en el río Jordán por Juan el Bautista (ver: Marcos 1,9), es tentado en el desierto (Ver: Marcos 1,12-13). La narración de san Marcos es concisa, desprovista de detalles que leemos en los otros dos evangelios de Mateo y de Lucas. El desierto del que se habla tiene diversos significados. Puede indicar el estado de abandono y de soledad, el "lugar" de la debilidad del hombre, donde no existe apoyo ni seguridad, donde la tentación se hace más fuerte. Pero también puede indicar un lugar de refugio y amparo, como lo fue para el pueblo de Israel, escapado de la esclavitud egipcia, donde se puede experimentar de una manera especial la presencia de Dios. Jesús "permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás." (Marcos 1,13). San León Magno comenta que "el Señor ha querido sufrir el ataque del tentador para defendernos con su ayuda y enseñarnos con su ejemplo" (Tratado 39, 3 Sobre el ayuno de la Cuaresma: CCL 138 / A Turnholti, 1973, 214-215) .
¿Qué puede enseñarnos este episodio? Como leemos en el libro de la Imitación de Cristo, "el hombre nunca está totalmente libre de la tentación, mientras viva... pero con la paciencia y con la verdadera humildad nos haremos más fuertes que cualquier enemigo." (Libro I, c. 13 , Ciudad del Vaticano 1982, 37); la paciencia y la humildad para seguir todos los días al Señor, aprendiendo a construir nuestra vida no fuera de él o como si no existiera, sino en Él y con Él, porque es la fuente de la vida verdadera. La tentación de quitar a Dios, de poner orden solos en sí mismos y en el mundo, contando solo con las propias capacidades, ha estado siempre presente en la historia del hombre.
Jesús proclama que "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca" (Marcos 1,15), anuncia que en él sucede algo nuevo: Dios habla al hombre de una manera inesperada, con una cercanía única, concreta, llena de amor; Dios se encarna y entra en el mundo del hombre a tomar sobre sí el pecado, para vencer el mal y traer a la persona al mundo de Dios. Pero este anuncio está acompañado de la obligación de corresponder por un regalo así de grande. De hecho, Jesús añade: "Conviértanse y crean en el Evangelio" (Marcos 1,15); es una invitación a tener fe en Dios y a adecuar cada día de nuestras vidas a su voluntad, dirigiendo todas nuestras acciones y pensamientos hacia el bien. El tiempo de Cuaresma es el momento preciso para renovar y mejorar nuestra relación con Dios mediante la oración diaria, los actos de penitencia, las obras de caridad fraterna.
Benedicto XVI
Oración mariana del Ángelus
26 de febrero de 2012
Plaza de san Pedro
sábado, 25 de febrero de 2012
Video reflexión del domingo 26 de febrero de 2012
sábado, 18 de febrero de 2012
Video Reflexión del Domingo 19 de febrero de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
El Papa continúa su catequesis de la oración de Jesús en la cruz (versión pastoral)

Meditación del domingo 19 de febrero de 2012
Domingo 7 del Tiempo Ordinario
Dios se apiada de nosotros
Isaías en el capítulo 43 descubre, en un primer momento, como Dios ha sido quien ha creado, formado y rescatado a Israel. Le recuerda como lo ha acompañado y no ha dejado que lo arrastren las aguas ni lo queme el fuego: ¡Porque el Señor es el Salvador del pueblo! Pero los israelitas se encuentran dispersos. ¿Qué cosa les puede dar esperanza? El profeta les anuncia que Dios los llamará del destierro, de los lugares entre los que se hayan dispersados. Y ¿Cuál será la garantía de esta promesa?¡No hay que ir al pasado: el pueblo puede dar testimonio de quién es Yahvéh! ¡Hay que abrir los ojos y ver lo que Dios está realizando por su pueblo: pues Él perdona y acompaña aún cuando los hombres hayan abandonado y olvidado a su Señor!
En el Salmo 40 encontramos que el salmista llama dichoso a aquel que se ocupa del pobre, de aquel que está indefenso. No se trata en definitiva de tener una actitud simplemente caritativa hacia el débil: se trata sobre todo de imitar a Dios en su actitud misericordiosa hacia los seres humanos.
En el primer capítulo de la 2ª Carta a los cristianos de Corinto el apóstol les ha hecho notar que el consuelo que recibe de Dios es el mismo que él da a la comunidad. Ciertamente el Apóstol ha vivido momentos difíciles, pero al final el Señor manifiesta su misericordia. Pablo debe tomar decisiones en el modo de evangelizar a sus comunidades: debe ir a una, partir a otra, regresar y volver al punto de partida. ¿En este ir y venir; sufrir y gozar hay indecisión? ¡Ciertamente no! Es Cristo quien manifestado su salvación y seguirá mostrándola. Dios no deja las situaciones inconclusas: Él cumple su palabra. Jesús siempre irá con nosotros y lo constatamos por las primicias del Espíritu que llevamos en nosotros.
En el capítulo 2do de San Marcos vemos que en una casa se ha juntado tanta gente que no permiten que nadie más entre. Recordemos que Jesús ha sanado a algunos que se encontraban dominados por algunos espíritus. ¡Todo esto ha despertado interés por la obra del Maestro! Llama la atención la fe de unos hombres que no los detiene la multitud: ¡Descuelgan una camilla por el techo! Y sorprende, además, las palabras de Jesús hacia el enfermo: "Hijo, tus pecados quedan perdonados". Recordemos que en el tiempo de Jesús enfermedad era igual a pecado. Jesús quiere hacer ver que Él tiene poder no sólo de dar salud, sino de perdonar. Pues si se pensaba que sólo Dios podía perdonar los pecados y levantar a un paralítico: Jesús, manifestará con sus palabras y sus obras, que Él es la presencia palpable del Señor en medio de su pueblo.
P. Óscar Alejandro Hernández Zavala, m. j.


