miércoles, 21 de marzo de 2012

El Papa habla sobre la salvación de Jesús

Para nuestras formación

En nuestro camino hacia la Pascua, hemos llegado al cuarto domingo de Cuaresma. Es un camino con Jesús a través del "desierto", es decir, un período para escuchar más la voz de Dios y también para desenmascarar a las tentaciones que hablan dentro de nosotros. En el horizonte del desierto se vislumbra la Cruz. Jesús sabe que esa es la culminación de su misión: en efecto, la cruz de Cristo es la cumbre del amor, que nos da la salvación. Él mismo lo dice en el Evangelio de hoy: "Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna" (Juan 3,14-15). La referencia es al episodio en el que, durante el éxodo de Egipto, los judíos fueron atacados por serpientes venenosas y muchos murieron; entonces Dios ordenó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera sobre un asta: si alguno era mordido por las serpientes, mirando la serpiente de bronce, era sanado (cf. Nm. 21,4-9).

Incluso Jesús será levantado sobre la cruz, para que todo el que se encuentre en peligro de muerte a causa del pecado, dirigiéndose con fe a Él, que murió por nosotros, sea salvado. "Porque Dios -escribe san Juan-, no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Juan 3,17).

San Agustín comenta: "El médico, por lo que le concierne, viene a curar al enfermo. Si uno no sigue las prescripciones del médico, se arruina a sí mismo. El Salvador vino al mundo... Si tú no quieres ser salvado por él, te juzgarás por ti mismo" (Sobre el Evangelio de Juan, 12, 12: PL 35, 1190). Así pues, si infinito es el amor misericordioso de Dios, que ha llegado al punto de dar a su Hijo único como rescate de nuestra vida, grande es también nuestra responsabilidad: cada uno, por tanto, debe reconocer que está enfermo para poder ser sanado; cada uno debe confesar su propio pecado, para que el perdón de Dios, ya dado en la Cruz, pueda tener efecto en su corazón y en su vida. San Agustín escribe: "Dios condena tus pecados; y si tú los condenas, te unes a Dios... Cuando comienzas a detestar lo que has hecho, entonces comienzan tus buenas obras, porque condenas tus malas obras. Las buenas obras comienzan con el reconocimiento de las malas obras" (ibid, 13: PL 35, 1191).

A veces, el hombre ama más las tinieblas que la luz, porque está apegado a sus pecados. Sin embargo, sólo abriéndose a la luz, y sólo confesando con franqueza las propias culpas a Dios, es que se encuentra la verdadera paz y la verdadera alegría. Es importante, entonces, acercarse al sacramento de la penitencia con regularidad, especialmente en la Cuaresma, para recibir el perdón del Señor y fortalecer nuestro camino de conversión.

Benedicto XVI

Angelus, 18 de marzo de 2012

Plaza de San Pedro

Reflexión domingo 25 de marzo de 2012

Quinto Domingo de Cuaresma

La salvación: un acto continuo del amor de Dios

Sin lugar a duda la experiencia del destierro marcó fuertemente al pueblo de Israel. Aparentemente el pueblo se encontraba abandonado. Pero si alguien ha abandonado el camino de la libertad es Israel. Dios no sólo es el liberador del tiempo de los Egipcios: Yahvéh continuamente rompe las cadenas que atan al pueblo. En este texto que encontramos hoy, en el libro del profeta Jeremías, el Señor manifiesta, a través del profeta una alianza nueva. Ya no son tablas de piedra: ¡Es la ley dentro del corazón del hombre! Ya no será doctrina a seguir a quien ha liberado a Israel: ¡Será la certeza y la experiencia de reconocer al verdadero Dios!

Para reconocer verdaderamente la liberación que nos viene de Dios es necesario experimentar su misericordia. El Salmo 50 es sin duda una de las oraciones de arrepentimiento más sentidas de la Sagrada Escritura. Algunos autores ven en este Salmo la oración de David que se arrepiente de haber pecado por haber dejado morir a Urías, su siervo, con el fin de quedarse con su mujer. Sin embargo esta oración bien se aplica a todos los que reconocen la infidelidad y ven las consecuencias terribles de haberse apartado del camino del Señor.

Se dice que la Carta a los Hebreos es un escrito que tiene como fin animar a aquellos judíos convertidos al cristianismo. Pero no se trata solamente de un simple consuelo: se trata más bien de enfocarse en la figura de Jesús que lleva a su pleno cumplimiento lo que significaba el antiguo pacto. Por eso Cristo es llamado verdadero Sumo Sacerdote. Su acción no será la de cumplir un rito: su obra más grande, en su intención por unirnos a Dios, implico sufrimiento, lágrimas, muerte... y sobre todo algo más grande: ¡La Resurrección! A fin de que todo el pueblo experimentara, en Él, de una vez por todas, esta nueva vida.

En el Evangelio que hoy nos regala san Juan, por segundo domingo consecutivo Jesús nos habla de que será elevado: si recordamos el domingo pasado se lo decía a Nicodemo, hoy se lo dice a Felipe y Andrés. ¿Por qué les habla de esto? Hay unos extranjeros que quieren ver a Jesús. En este capítulo del Evangelio María ya ha puesto perfume en los pies de Jesús, muchos judíos han ido a casa de María por ver a Lázaro, que ha sido resucitado por Cristo, los jefes de los sacerdotes ya planean matarlo y el Maestro ya ha entrado triunfante en Jerusalén. Sin embargo en la ciudad santa espera la cruz. La cruz para Juan será la hora en que los judíos piensen haber dado muerte al Nazareno, sin embargo será la verdadera Hora en que Dios utilizará este signo de muerte para manifestar la verdadera identidad del Hijo. La hora de las tinieblas sería incapaz de oscurecer esa luz traída por Jesucristo.

P. Óscar Alejandro Hernández Zavala, m. j.

sábado, 17 de marzo de 2012

Video reflexión del domingo 18 de marzo de 2012


Reflexión IV Domingo de Cuaresma

Ya puedes ver la reflexión del IV Domingo de Cuaresma al final de las entradas en este Blog de San Esteban. O bien ve a la siguiente dirección:

http://www.youtube.com/watch?v=JXgsshP4CUQ

Deseo de corazón que pueda serte útil.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El Papa habla sobre la oración de María

Para nuestra formación

La reunion de obispos conocida como Concilio Vaticano II ha querido resaltar, en particular, este lazo que se manifiesta visiblemente en la oración en común de María junto a los Apóstoles, en el mismo lugar, a la espera del Espíritu Santo. El Documento llamado: Luz de los Pueblos (Lumen Gentium) sobre la Iglesia afirma: "Dios no quiso manifestar abiertamente el misterio de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los apóstoles antes del día de Pentecostés "todos ellos, íntimamente unidos, que se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hechos 1,14), y también vemos a María implorar con sus oraciones el don del Espíritu Santo que en la Anunciación la había tomado bajo su sombra" (Luz de los Pueblos n. 59). El lugar privilegiado de María es la Iglesia, donde es "reconocida como miembro muy importante y del todo especial... figura y destacadísimo modelo de fe y de caridad" (Luz de los Pueblos n. 53). Así, lo indica el Concilio Vaticano II.

Venerar a la Madre de Jesús en la Iglesia, significa, pues, aprender de ella a ser comunidad que reza: es ésta una de las características esenciales de la primera descripción de la comunidad cristiana expuesta en los Hechos de los Apóstoles (Ver: Hechos 2, 42). La oración a menudo viene dictada por situaciones difíciles, problemas personales que conducen a dirigirse al Señor para recibir luz, consuelo y ayuda. María nos invita a abrir las dimensiones de la oración, a dirigirnos a Dios no sólo en la necesidad y no sólo para nosotros mismos, sino de manera unánime, perseverante, fiel, con un "solo corazón y una sola alma" (cf. Hechos 4,32 ).

Queridos amigos, la vida humana atraviesa distintas etapas de cambio, muchas veces, difíciles y exigentes, que requieren decisiones que no se pueden dejar de lado, renuncias y sacrificios. La Madre de Jesús ha sido puesta por el Señor en momentos decisivos de la historia de la salvación y siempre ha sido capaz de responder con plena disponibilidad, fruto de una profunda relación con Dios, madurada en la oración continua e intensa. Entre el viernes de la Pasión y el domingo de la Resurrección, a ella se le confió el discípulo amado, y con él a toda la comunidad de los discípulos (Ver: Juan 19, 26). Entre la Ascensión y Pentecostés, ella está con y en la Iglesia en la oración (Ver: Hechos 1,14). Madre de Dios y Madre de la Iglesia, María ejerce su maternidad hasta el final de la historia. Encomendamos a ella todas las etapas de nuestra existencia personal y eclesial, así como nuestro momento final. María nos enseña la necesidad de la oración y nos muestra que sólo con la unión constante, íntima, llena de amor con su Hijo podemos salir de "nuestra casa", de nosotros mismos, con valentía, para alcanzar los rincones del mundo y anunciar en todas partes al Señor Jesús, Salvador del mundo.

Benedicto XVI

14 de marzo de 2012

Plaza de San Pedro

Reflexión domingo 18 de marzo de 2012

IV Domingo de Cuaresma

La salvación: un regalo de lo Alto

El segundo libro de las Crónicas nos presenta un resumen de las causas por las que el pueblo fue llevado a una tierra extraña, sufrió el saqueo de sus pertenencias y el asesinato de algunos de sus habitantes. Entre las causas se contaba, la intervención de Egipto en indicar quienes debían ser los gobernantes. La actitud de los reyes de Israel que no habían sido fieles a Dios, los sacerdotes y el pueblo que habían adaptado actitudes que iban en contra del Señor Pero el autor de este libro, si por una parte ve lo que causó la dispersión del Pueblo por otra no deja de señalar la acción de Dios, a través de Nabucodonosor, que les da la libertad de volver a aquellos que se encontraban lejos de su tierra.

En el Salmo 136 encontramos al salmista que experimenta un gran dolor y nostalgia al verse lejos de su tierra. No existe siquiera el aliento de cantar algo que recuerde la patria en un suelo en el que se experimenta la esclavitud. El único consuelo del salmista es clamar al Señor en ese momento de tristeza y esperar su salvación.

En el inicio de la carta de san Pablo a los Efesios, el apóstol nos expresa tres ideas que reflejan el inmenso amor del Padre al decirnos que: 1) nosotros fuimos elegidos en Cristo, por Dios, antes de crear el mundo. 2) Fuimos rescatados por su sangre y 3) recibimos el sello del Espíritu por la fe en la Palabra. Y en el capítulo segundo, que hoy meditamos en la Liturgia, Pablo nos da un punto más para conocer ese gran amor de Dios: el Señor no ha regalado nueva vida a pesar de haber probando la muerte por el pecado.

Juan en su capítulo 3 se encuentra con un fariseo llamado Nicodemo. Recordemos que las mayores discusiones de Jesús se dan con los fariseos. No obstante Nicodemo no es el que se pone delante de Jesús como el que sabe todo: sino se pone en actitud del discípulo que pregunta y quiere ser iluminado por el Maestro de Nazaret. Sólo el que se deja iluminar por Cristo lo descubrirá como el enviado de Dios al ser levantado en la cruz. Sólo aquel que acepte sus palabras tendrá en claro que el Señor nos ha dado a su Hijo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

P. Óscar Alejandro Hernández Zavala, m. j.

sábado, 10 de marzo de 2012

Reflexión domingo 11 de marzo de 2012

Jesucristo: el gran signo del amor de Dios

Si hay una idea que marca el libro del Éxodo es que Dios ha liberado al pueblo de Israel. En el desierto el pueblo experimentará en las diversas pruebas de su camino la tentación de olvidarse de Aquel que verdaderamente lo ha librado de la esclavitud. Para el Israelita el primer mandamiento es clave, pues mucho dependía de su relación con Dios la relación con su hermano. Si los tres primeros mandamientos son importantes porque dicen relación con Dios, los siete mandamientos restantes de la Ley reflejan que el respeto a Dios tiene una profunda relación con el amor al prójimo.

En el Salmo encontramos distintos modos de llamar a la Palabra de Dios. El salmista no tiene como objetivo buscar palabras semejantes para decir la misma idea. El creyente trata sobre todo de expresar los efectos de esa Palabra, y descubrir lo que ella es capaz de hacer en la vida del que es fiel al mandato de Dios.

Recordemos que en el ambiente en que Pablo evangeliza es un ambiente griego: un ambiente en que cuenta mucho la Palabra, las ideas, los modos de construir el pensamiento. Y por otro lado también el Apóstol se encuentra con judíos que conocen la historia de la Salvación y quiere una prueba de que la predicación de Pablo de Tarso es verdad. ¿Qué cosa predica Pablo? Pablo predica a Jesucristo. Y este muerto en cruz. Es un mensaje que a pesar de no tener la lógica que querían los griegos ni el signo que esperaban los judíos. Se ha convertido en fuerza y sabiduría de Dios.

Juan nos presenta en su Evangelio una de las escenas en que Jesús aparece de un modo poco acostumbrado. Hoy el Maestro echa del templo a los vendedores y a los cambistas con un látigo de cordeles. Hoy Jesucristo, a través de su acción, les da un signo fuerte a la gente de su tiempo de lo que Dios quería: echar del templo lo que no debe estar en Él. Por otro lado los judíos le piden el signo de su autoridad. Y Jesús se los propone: ¡Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré! Esto provocará escándalo en los que no son de Jesús, sin embargo para los discípulos, en el día de la Resurrección, estas palabras serán el signo potente de la acción de Dios y del cumplimiento de ese mismo signo anunciado por el Maestro.

P. Óscar Alejandro Hernández Zavala, m. j.